Historia

El joven sacerdote Juan Sinforiano Bogarín sentía en su ser, la necesidad de que sea fundado en Asunción un colegio católico privado, debido a la desolación eclesiástica en el país.

En 1889, el Padre Bogarín viajó por primera vez a Buenos Aires. En su visita a los padres Jesuítas del seminario de la ciudad, les explaya sus deseos de abrir dicho colegio y les pide a ellos que lo funden. Pero la respuesta fue negativa ya que sostenían que no tenían suficiente personal. En la misma ocasión y mediante el P. Laphitz, quien había estado en Paraguay, fue a Monte Caseros, a conocer a los Padres Bayoneses, directores del "Colegio de San José" de Buenos Aires. Allí habló con el superior de la Congregación, el Padre Juan Magendie, expresándole lo mismo que a los Jesuítas, y obteniendo la misma respuesta de un modo más seco y frío.

Una vez consagrado Obispo, en 1896, y tras un recorrido por las misiones de los jesuítas, decide insistir nuevamente con la fundación de un colegio en la capital, esta vez al Superior General de los Jesuítas. El único cambio en la respuesta fue el agregado de frialdad, ya que de nuevo surgió el pretexto "no tenemos personal".

Pasaron unos años y, en 1899, hizo su primera visita (como Obispo) a Buenos Aires y a Montevideo, volviendo a hablar con los dirigentes de los Seminarios Jesuítas de ambos países, quienes alentaron al Obispo a seguir con su ideal, y recomendaron hablar con el General de la Orden en Roma.

Una vez en Roma, habla con el Padre Martín, quien le sostiene que era imposible cumplir con sus peticiones, "por falta de personal".

La audiencia con S. S. el Papa Leon XIII

Así llegó el día en que le tocaba entrar en audiencia con S.S. León XIII a quien Bogarín, luego de presentarse y dar a conocer de la diócesis de donde proviene, pide la fundación de un colegio católico en Asunción del Paraguay. El Papa le dice que hable con el Secretario de Estado, el Cardenal Rampolla. Tras varias conferencias con el Cardenal, éste promete al Obispo interesarse en el asunto.

Días antes de salir de Roma le llega una carta del Cardenal, preguntándole de qué congregación quería él que recomendara a S.S. para la fundación del colegio, a lo que respondía apresuradamente que los Padres de Betharram.

Años más tarde se presenta ante el Monseñor Bogarín, el mismísimo Padre Magendie para comunicarle los deseos del Papa manifestados a través de una carta que fué enviada al R.P. Bourdenne, solicitando la colaboración de éstos para la fundación del Colegio.

Inmediatamente el Obispo llamó a una reunión a los hombres conocidos, nacionales e internacionales, con el objetivo de abrir una suscripción mensual por un año con el objetivo de recaudar fondos para la apertura del colegio, en la cual se nombró una comisión provisional que fue presidida por el Sr. José Segundo Decoud.

Ante la proximidad de la llegada de los Padres Bayoneses se conformó una comisión de propaganda, para facilitar su llegada, la cual estaba conformada de la siguiente manera:

Presidente Honorario

:

Mons. Juan Sinforiano Bogarín

Presidente

:

Don José Segundo Decoud

Vocales

:

Don Bautista Gaona
Dr. Justo P. Duarte
Dr. Antolín Ibarra
R.P. Miguel Maldonado
Don Narciso M. Acuña

La llegada de los R. P. Bayoneses

Debido a los retrasos en los trabajos a cargo de la comisión (que consistía en la adquisición del terreno, entre otros), el Monseñor Bogarín recomendó que en vez de los 5 Padres designados para la fundación, viajaran momentáneamente sólo dos, debido a los inconvenientes anteriormente citados; estos Padres fueron Sampay y Lhoste, quienes se embarcaron en Buenos Aires el 13 de febrero de 1904, llegando a Asunción el 20 del mismo mes. Desde allé empezó la efusiva campaña para la búsqueda del terreno para las instalaciones del colegio. En la primera reunión entre la Comisión y los Padres recién llegados, acordaron que, debido a los escasos recursos, sería imposible la compra del terreno. Ante dicha eventualidad decidieron buscar alguno para alquilar, y de ésta forma el colegio se abriera lo más rápido posible.

Ardua fue la búsqueda, pero sin mayores avances. Nadie estaba dispuesto a rentar, todo se encontraba "en venta".

En una mañana, el Señor Gaona (miembro de la comisión) y el Padre Sampay, pasaron frente a un chalet sobre la avenida España. Era la Villa Rosa, que pertenecía al Ex-Presidente de la República, Don Gualberto González, cuya respuesta al pedido de alquiler no se hizo esperar, pero con una negativa, ya que la quinta sólo estaba disponible para la venta, pero con la diferencia de una muy buena propuesta y compromiso de parte del propietario. Debido a la falta de rubros no se pudo concretar el acuerdo, motivo por el cual siguió la búsqueda.

Al fin se produjo la ansiada llegada de otro de los Sacerdotes designados para la fundación, el Padre Tonnedou quien infundió nuevas esperanzas en los llegados anteriormente. Con el nuevo incorporado la búsqueda se prolongó 15 días más hasta que la señora Carlota de Palmerola (quien había prestado su casa para hospedaje de los Padres, mientras se encontraba de vacaciones en Areguá) junto con la respuesta positiva al pedido de prórroga en la estadía de los Padres en su hogar, adjuntó una donación de 7.000 $ para la fundación del colegio.

La compra del local


Ya sólo quedaba una solución: comprar, y el objetivo era la villa anteriormente citada. En busca del permiso y los rubros para la compra del predio, el Padre Tonnedou emprende un viaje a Buenos Aires, el 8 de mayo de 1904. Una vez en Buenos Aires, el Padre Tonnedou insistió en tal modo que las autoridades aprobaron la compra y entregaron los fondos necesarios al Padre Tonnedou. Un telegrama con la noticia fue enviado rápidamente a Asunción, donde el Padre Sampay aceleró los trámites; y con las cláusulas mejoradas se firma la escritura por la Quinta González Peña, menos una pequeña parte de 70 x 30 que quedaba para los dueños.

A su vuelta el Padre Tonnedou es acompañado por los dos sacerdotes designados para la fundación que faltaban, Bacque y Lusteau. Con la llegada los tres sacerdotes anteriormente citados y la vuelta del Padre Lhoste de Villarrica (había ido por motivos de salud) quienes se sumaron al Padre Sampay que ya estaba ocupándose de la organización y arreglos de la nueva residencia, se completó la comisión para la fundación.

La primera misa

Una vez realizado todo el traslado se celebró la primera misa el 5 de junio de 1904. Durante todo ese mes los padres se dedicaron a la organización definitiva de las instalaciones para el funcionamiento del colegio, que se logró, aunque en precarias condiciones de las salas, y con la ayuda de los RR. PP. Salesianos quienes vendieron a muy bajo costo varios muebles para el efecto.

A fines de junio y el colegio ya se hallaba en condiciones para recibir a los primeros alumnos, aunque las clases ya habían empezado el 1ode marzo.

El P. Tonnedou abrió l matrícula con el nombre de "Colegio de San José". En los diarios se publicó la apertura para el 1o de julio.

El primer día de clases

Finalmente el viernes 1o de julio de 1904, el primer viernes del mes, día consagrado al Corazón de Jesús, se realiza un exámen probatorio a esos primeros 13 niños, y se distribuyeron a los alumnos en 4 cursos primarios. El Padre Sampay, aparte de Director Espiritual, se encargó de la enseñanza y vigilancia. Por su parte el Padre Tonnedou, Director, se reservó a enseñar a leer a los más pequeños, y así empezaron las clases un día lunes, 4 de julio de 1904

El 14 de Mayo de 2013, celebraremos los 150 años de la muerte de san Miguel Garicoits.

A pedido del XXVI Capítulo general hemos decidido celebrar este momento tan importante de la vida de nuestro Padre San Miguel durante todo un Año Jubilar, del 14 de mayo de 2013 al 14 de mayo de 2014 

El lema que hemos elegido para esta celebración es : Del corazón de Jesús al corazón del mundo.

Al volver sedientos a beber en la fuente de nuestro querido Fundador, pedimos al Sagrado Corazón de Jesús, que concibió y formó esta nuestra familia religiosa,  la gracia de la renovación espiritual para cada religioso y cada comunidad betharramita y el don de nuevas vocaciones que puedan seguir viviendo el don precioso del carisma que nos regaló por medio de San Miguel Garicoits.
P. Gaspar Fernández Pérez, SCJ